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Adiós a las grasas trans

La Food and Drug Administration de Estados Unidos (conocida por sus siglas FDA) ha establecido la fecha límite de 2018 para que todos los productos alimenticios en el país del norte se elaboren libres de aceites hidrogenados, las grasas trans artificiales.

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Después de una controversia de casi 20 años con el poderoso lobby de la industria alimenticia, la Food and Drug Administration de Estados Unidos (conocida por sus siglas FDA) ha establecido la fecha límite de 2018 para que todos los productos alimenticios en el país del norte se elaboren libres de aceites hidrogenados, las grasas trans artificiales. La FDA es la instancia máxima de regulación alimenticia en su país, similar en alcances a la COFEPRIS mexicana (Comision Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios). La prohibición completa en Estados Unidos tendrá repercusiones directas en la exportación de los alimentos procesados a nuestro vecino, y seguramente influirá a la larga en la legislación alimentaria nacional. La decisión se produce después de décadas de hallazgos que confirman que el consumo de grasas trans está fuertemente ligado a la enfermedad cardíaca y la obesidad.

Existen dos fuentes de grasas trans, también conocida como ácidos grasos trans:

Las grasas trans naturales, halladas en el sistema intestinal de ciertos tipos de ganado como el vacuno y el ovino. En la cadena alimenticia las podemos encontrar en pequeñas cantidades en productos de origen animal como la carne y los productos lácteos.

Las grasas trans industriales, que se crean al añadir hidrógeno al aceite vegetal para solidificarlo en un proceso llamado hidrogenación. Los fabricantes de alimentos utilizan los aceites vegetales parcialmente hidrogenados para mejorar la textura, la vida útil y la estabilidad del sabor de los alimentos.

Resulta que muchos de nuestros dulces y snacks favoritos vienen cargados con estas sustancias hace más de un siglo, después de que la industria de alimentos se volcó a favor de los aceites vegetales parcialmente hidrogenados como una alternativa más barata a la mantequilla y la manteca de cerdo. En su momento se desconocían las consecuencias funestas de estas sustancias, pero a partir de los años 70 los estudios científicos comenzaron a apuntar el dedo hacia los aceites vegetales hidrogenados como responsables del incremento en la obesidad y las enfermedades cardíacas en Estados Unidos y el mundo entero.

El consumo de grasa trans aumenta el nivel de lipoproteínas de baja densidad (LDL o colesterol “malo”) en la sangre. Aparte del consumo directo de colesterol, es la forma más fácil de subir este nivel. Un nivel de colesterol LDL en sangre elevado incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Las enfermedades cardiovasculares son la mayor causa de defunción tanto de hombres como de mujeres en los Estados Unidos. La agencia estima que el costo para sacar a las grasas trans del mercado será de 6 mil millones de dólares, monedas cuando se ha calculado que le ahorrará 140 mil millones al sistema de salud norteamericano en los siguientes 20 años.

El complicado sistema legal norteamericano ha logrado mantener los aceites vegetales hidrogenados en los alimentos a pesar de una aplastante evidencia científica en su contra. Por esta razón la FDA emitió hace varios años las siguientes guías para mantener el consumo de grasas trans al mínimo:

  • Escojer cortes de carne magra y aves sin piel.
  • Eliminar el consumo de margarina.
  • Limitar el consumo de snacks y pastelería industrial (precocinada).
  • Sustituir la leche y los productos lácteos enteros (con grasa) por leche y productos lácteos descremados o bajos en grasa (1%), o por bebidas de soja o leches vegetales.
  • Consumir más alimentos que sean naturalmente bajos en grasa y ricos en fibra dietética, como los granos integrales, los frijoles, los chícharos, las frutas y las verduras.
  • Cocinar y hornear con aceites líquidos (como aceite de canola o de oliva), en lugar de hacerlo con grasas sólidas (como la manteca vegetal, la mantequilla o la manteca de cerdo).
  • Favorecer los métodos de cocción al horno, al vapor, a la parrilla o a la plancha. Estos métodos de cocción no añaden grasa extra a los alimentos.
  • Cuando comemos en restaurantes, preguntar qué grasas se utilizan para preparar los alimentos que quiere pedir. También puede solicitar ver la información nutricional, disponible en muchos de los establecimientos de comida rápida y cadenas de restaurantes, y elegir las opciones con menos grasa.

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